Iglesia Católica y personas cristianas lgbt. “Cuál va a ser nuestro rol?”

Artículo de Luciano Moia publicado en Avvenire (diario de los obispos católicos italianos) del 7 de mayo de 2016, pág.17, traducido del italiano por Carola de Cammini di Speranza (Italia)
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Se llaman cristianos lgbt. Rezan, reflexionan sobre su condición y envían documentos con propuestas pastorales a los obispos. También se reúnen en un Foro que, una vez al año, llama a reunirse a quien, encontrándose en esta compleja “frontera existencial”, no quiere por ello renunciar a buscar su propio puesto en la comunidad eclesial.
Si pensamos en desfiles de gusto discutible, con ostentaciones descaradas y reivindicaciones expresadas de manera torpe, al estilo del Orgullo, estamos totalmente fuera de pista. El Foro de las personas cristianas lgbt, que se reunió hace unos días en Albano Laziale (Roma, Italia), discutió de ley natural y de formación de las conciencias, de acompañamiento espiritual y de proyectos pastorales.
Entre las decenas de participantes, además de sacerdotes y religiosas, también no pocos padres con hijas e hijos homosexuales. Los participantes del Foro de Albano tuvieron la oportunidad de encontrarse con el obispo diocesano, Marcello Semeraro, que es también secretario del C9 (El Consejo de los cardenales). Hablando a la madre de un hijo homosexual que preguntaba hasta qué punto una persona lgbt se pueda considerar “dentro” de la Iglesia, Semeraro recordó que no es evangélico, con referencia a la pertenencia a la comunidad eclesial, emplear términos como “dentro” o “fuera”.
Se trata más bien de acompañar e integrar a todas las personas, a partir de la condición de cada una. Semeraro hizo referencia a la Amoris laetitia, donde el Papa subraya que «cada persona, independientemente de su orientación sexual propia, tiene que ser respetada en su dignidad y acogida con respeto». Mientras que con respecto a las familias «se trata de asegurar un acompañamiento respetuoso, para qué los que manifiestan la tendencia homosexual puedan recibir las ayudas necesarias para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida» ( Amoris Letizia, 250).
Pero cómo traducir en concreto estas indicaciones en práctica pastoral? Como enseñar el rostro de una Iglesia llamada a acoger, acompañar, integrar a todas y todos los que llaman a su puerta? De ello habló el padre Pino Piva, coordinador nacional del apostolado de los ejercicios espirituales ignacianos: «La pastoral para personas homosexuales cristianas, que desean ser parte de la vida de la Iglesia a partir de su identidad, tiene sobre todo el deber de ayudar a estas personas a mantener la esperanza en Dios, en la Iglesia, en la comunidad».
Según el jesuita, también para las personas homosexuales, «la pastoral de la Iglesia está llamada a dar origen a procesos de cambio, conversión, promoción, liberación. Esto significa optar para la formación de la conciencia que sepa ver la voluntad de Dios en el día a día, aquí y ahora, en vez que una genérica afirmación de principios abstractos que despersonaliza ». Padre Piva, que sigue habitualmente a grupos de oración con la presencia de personas cristianas lgbt, se dijo convencido que la pastoral para las personas homosexuales «ya no deba ser considerada “extraordinaria” o “de frontera”, ello para evitar sufrimientos inútiles, provocados por ignorancia del Evangelio y por una falsa concepción de verdad sin misericordia».
Más complejas, no solo desde el punto de vista teórico, las consideraciones ofrecidas al Foro por el filósofo Damiano Migliorini, autor entre otras cosas con Beatrice Brogliato, de un monumental ensayo, casi 500 páginas, sobre el amor homosexual. Según este experto la cuestión homosexual y la nueva cuestión del género «son en su conjunto un verdadero test para la teología católica » porqué implican la necesidad de «ir a las raíces más profundas de sus fundamentos, en moral como en eclesiología, en sacramentaria como en teología dogmatica».
Si bien es cierto que Amoris laetitia abre nuevas perspectivas, todas aún por enfocar, se trata – explicó Migliorini – de hacerse una serie de preguntas y de reflexionar sobre las posibles consecuencias. Algunos ejemplos: «Realmente la doctrina de la ley moral natural aplicada a las cuestiones de moral sexual no permite una integración de las instancias procedentes de las minorías sexuales? Dentro de lo razonable de la doctrina moral cuál sitio se puede encontrar para el amor homosexual?». Hasta llegar a la cuestión tal vez más dramática: «Hasta qué punto podemos atrevernos a llegar en el evaluar la presencia de homosexuales, transexuales, bisexuales en el plan de Dios?».
Preguntas que desde el Foro de  cristianos lgbt vuelven ahora a las asociaciones, a los grupos de oración ya empeñados en caminos de escucha. Una red más amplia de lo que se podría imaginar. A demostración que esta realidad existe, llama a las puertas de nuestras comunidades y pide espacio, escucha, acogida no discriminante.
Tanto que también la Oficina nacional Cei (Conferencia episcopal italiana) para la pastoral de la familia ha lanzado un sondeo para recoger las propuestas de acompañamiento dirigidas a las personas homosexuales presentes en las comunidades y para evaluar futuras iniciativas. «La condición homosexual –concluyó el padre Piva – no es un problema para la fe, más bien una oportunidad de progresiva comprensión de lo esencial».
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