Cuando la fe y la identidad LGBTQ+ parecen ya no comunicarse entre sí
Reflexiones sobre el encuentro online sobre "Fe y sexualidad. Abrazar el conflicto entre identidad y espiritualidad", realizado por Gianluca Costa*, durante el curso de formación en escucha promovido por La Tenda di Gionata con el servicio de escucha “Confío en ti”el 8 de abril de 2026.
Hay reuniones que no sirven para dar respuestas preparadas. Más bien, sirven para abrir preguntas, poner orden en experiencias confusas, dar palabras a luchas que a menudo permanecen encerradas en el interior. La reunión en línea del 8 de abril de 2026 con Gianluca Costa, doctor en técnicas psicológicas con formación en teología y cultura bíblica, fue precisamente esto: un tiempo de escucha y formación para quienes acompañan a los creyentes LGBTQ+, a sus familias y a las comunidades cristianas que intentan, con esfuerzo y sinceridad, no dejar a nadie solo.
Era la tercera y última fecha de curso de formación en escucha online promovido por La Tenda di Gionata con el servicio “Confío en ti”, dentro del Proyecto piedra angular 2 apoyado por el Otto per Mille de la Iglesia Valdense. Después de hablar del papel del voluntario y de la importancia de la escucha, esta vez el foco se centró en una cuestión muy delicada: ¿qué sucede en el interior de una persona cuando su identidad emocional o de género parece entrar en conflicto con la fe?
Gianluca Costa partió de lejos, reconstruyendo de forma sencilla el recorrido histórico con el que se ha interpretado la homosexualidad a lo largo del tiempo. En el mundo antiguo nos fijábamos sobre todo en el comportamiento, no en la identidad. Sin embargo, en la tradición cristiana la homosexualidad se ha asociado progresivamente con el pecado. Luego, con la modernidad, pasamos de la categoría de pecado a la de patología. Recién en 1973 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría eliminó la homosexualidad del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, mientras que la despatologización total de la homosexualidad egodistónica se produjo en 1987 (Asociación Estadounidense de Psiquiatría, 1973; Asociación Estadounidense de Psiquiatría, 1987).
Este pasaje no es sólo histórico. Tiene consecuencias concretas para las personas. Porque si durante siglos te dicen que eres un pecado, una enfermedad, un error, una desviación, tarde o temprano esas palabras entran. Se convierten en una voz interior. Se vuelven temerosos. Se avergüenzan.
A partir de aquí Gianluca Costa presentó el modelo de estrés minoritario, desarrollado por Ilan Meyer, que ayuda a comprender algo crucial: muchas personas LGBTQ+ no sufren por ser LGBTQ+, sino porque viven en contextos marcados por el estigma, la discriminación, el rechazo y la homofobia interiorizada (Meyer, 2003). Esto es aún más cierto cuando la persona crece en entornos religiosos donde la fe y la identidad se presentan como incompatibles.
Uno de los momentos más fuertes del encuentro fue precisamente este: el conflicto no surge simplemente de la fe, sino de una determinada idea de fe. De una lectura que separa, juzga, aplasta. Muchas personas creyentes LGBTQ+ no quieren elegir entre Dios y ellos mismos. Sin embargo, a menudo se enfrentan a esta alternativa: o tu fe o tu identidad. Como si una parte tuviera que morir para que la otra pudiera vivir.
La tarea de quienes acompañan, recordó Costa, es no tomar partido en contra de una de las dos partes. No se trata de decir: "deja ir la fe" o "niega lo que eres". Seguiría siendo violencia. Se trata más bien de ayudar a la persona a buscar un tercer camino, donde fe e identidad puedan por fin hablarse, reconocerse, respirar juntas.
La salida del armario también se presentó con mucha delicadeza. Puede ser un factor de bienestar y liberación, pero sólo si surge de una elección libre, consciente y respetuosa del tiempo de la persona. Ningún voluntario, ningún agente pastoral, ningún amigo debería presionar a alguien para que "lo diga" si esa persona no está preparada. Acompañar no significa obligar. Significa estar cerca, ayudar a evaluar riesgos, deseos, miedos, posibilidades.
Lo mismo ocurre con las familias. Cuando un hijo o una hija sale del armario, los padres muchas veces tienen que dejar morir una imagen construida con el tiempo: expectativas, sueños, proyecciones. No siempre reaccionan bien. A veces se rompen. A veces duelen. Pero ellos también, si están acompañados, pueden cruzar un camino. Pueden aprender a ver no una pérdida, sino una verdad que pide amor.
Lo más bonito del encuentro llegó al final, con la imagen evangélica de los discípulos de Emaús. Dos hombres caminan tristes, decepcionados, llenos de ideas colapsadas. Jesús no les reprocha inmediatamente, no les impone una explicación, no entra en su vida "a distancia". Camine con ellos. Él los escucha. Les ayuda poco a poco a releer lo sucedido. Sólo al final se les abren los ojos (Lucas 24,13-35).
Quizás acompañar a personas Creyentes lGBTQ+ signifique precisamente esto: caminar al lado, sin pretender arreglar todo de Inmediato. escuchar sus palabras, pero también el dolor que hay debajo. Ayúdalos a reconocer los prejuicios recibidos, los miedos internalizados, las falsas imágenes de Dios. Y luego, con paciencia, abre un nuevo espacio.
Porque quizás la cuestión no sea convencer a alguien de que fe e identidad pueden coexistir. La cuestión es ayudarle a descubrirlo dentro de su propia historia. un poco como sucede en Emaús: en cierto momento tus ojos se abren y te das cuenta de que Dios no estaba del otro lado de tu vida. Él estuvo allí, en el camino, incluso cuando todo parecía roto.
* Gianluca Costa es doctor en técnicas psicológicas, registrado en la Orden de Psicólogos de la Región de Sicilia. Tiene formación en consejería analítico-transaccional y en cultura y teología bíblica. Se ocupa de la salud mental, el bienestar, la prevención y la formación, desarrollando actividades profesionales también en colaboración con diversos organismos del tercer sector.


